La mayoría de nosotros hemos crecido con la idea de que el amor es algo que simplemente ocurre. Algo en lo que uno cae. Y hay algo hermoso en ese pensamiento — la fuerza incontrolable del primer enamoramiento, las mariposas en el estómago, el mundo que se ve diferente. Pero ¿qué sucede cuando ese sentimiento se desvanece? Cuando la cotidianidad se instala y la pareja ya no es nueva ni desconocida. Muchos lo interpretan erróneamente como el amor que desaparece. Pero quizás es, en realidad, el amor que comienza.
Los sentimientos no mienten — pero no cuentan toda la verdad
El enamoramiento es un fenómeno biológico. Investigadores como Helen Fisher han demostrado que las primeras etapas del amor romántico activan el sistema de recompensa del cerebro de una manera similar a la euforia de una sustancia. Dopamina, noradrenalina, serotonina — es un cóctel que nos hace eufóricos, enfocados y un poco ciegos. No es romántico decirlo así, pero sí es liberador. Porque significa que la intensidad que sentiste al principio no es necesariamente la medida de la profundidad ni de la durabilidad del amor.
El psicólogo Erich Fromm escribió en su clásico El arte de amar de 1956, que el amor no es un sentimiento que se experimenta pasivamente — es una capacidad que se desarrolla activamente. Argumentó que en nuestra cultura estamos obsesionados con ser amados, pero dedicamos muy poca energía a aprender a amar. Esa distinción sigue siendo relevante hoy en día.
¿Qué significa elegir el amor?
Elegir el amor no se trata de forzar un sentimiento. Se trata de las acciones, la atención y la intención que traes a la relación — incluso en los días en que estás cansado, decepcionado o simplemente no tienes ganas. Es preguntar con interés, aunque estés ocupado. Es pedir perdón, aunque creas tener razón. Es girarte hacia tu pareja en lugar de alejarte, cuando algo es difícil.
El terapeuta de pareja e investigador John Gottman habla de lo que él llama «bids for connection» — los pequeños momentos, a menudo inadvertidos, en los que nos tendemos la mano mutuamente. Una pregunta. Una mirada. Un comentario sobre el clima. Y la elección que tomamos en ese momento — si nos giramos hacia el otro o nos alejamos — es, según Gottman, decisiva para la salud de la relación a lo largo del tiempo. El amor se construye en lo pequeño.
El amor también es una elección sobre ti mismo
Entender el amor como una elección también transforma la relación contigo mismo. Elimina parte de la impotencia que puede surgir al esperar volver a sentirse enamorado, o al esperar que la pareja cambie. En cambio, abre espacio para una pregunta: ¿Qué puedo aportar yo? ¿Qué elijo priorizar? Este tipo de preguntas no son una carga — son una invitación a ser copartícipe de tu propia vida amorosa.
Por supuesto, esto no significa que debas quedarte en una relación que es dañina o que está agotada. La elección del amor incluye también la elección de partir, cuando eso es lo correcto. Pero en relaciones sanas que han perdido un poco de brillo, la conciencia del amor como algo activo y elegido puede marcar una gran diferencia.
Así que aquí hay una invitación a la reflexión: Piensa en una relación en tu vida — romántica, de amistad o familiar — y pregúntate: ¿Qué significaría para esa relación si hoy tomaras una decisión consciente de amar un poco más activamente?
AIA kender disse teorier og kan hjælpe dig med at forstå dem i din egen situation.
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