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El cuerpo recuerda — sobre el trauma somático

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¿Alguna vez has sentido que tu cuerpo se tensa al escuchar un cierto tono de voz? ¿O que el corazón se acelera aunque no haya ningún peligro real? El cuerpo recuerda lo que la mente quizás ha intentado olvidar. No es debilidad. Es biología — y es más común de lo que la mayoría cree.

El trauma no solo vive en los pensamientos. Vive en los músculos, en la respiración, en el sistema nervioso. Eso es precisamente lo que el psicólogo e investigador del trauma Bessel van der Kolk describe en su libro revolucionario The Body Keeps the Score. Su investigación muestra que las experiencias traumáticas pueden almacenarse de forma somática — es decir, corporal — y afectarnos mucho después de que el evento desencadenante haya terminado.

¿Qué es el trauma somático?

El trauma somático ocurre cuando el sistema nervioso se ve desbordado por una experiencia que no puede procesar en el momento. Puede tratarse de un evento claramente traumático, pero también puede ser situaciones repetidas de rechazo, inseguridad o soledad emocional — especialmente en etapas tempranas de la vida. El cuerpo congela la reacción como una forma de protección. Pero esa reacción puede seguir activándose aunque el peligro haya desaparecido hace mucho tiempo.

En las relaciones, esto puede manifestarse como un miedo excesivo al conflicto, una tendencia a cerrarse emocionalmente, o una inquietud constante por ser abandonado — incluso cuando la pareja no da motivos para ello. No es irracional. Es un sistema nervioso que hace su mejor esfuerzo para mantenerte seguro, basándose en información antigua.

¿Qué ocurre en el cuerpo?

Cuando experimentamos algo amenazante, el sistema nervioso activa el sistema simpático — lo que conocemos como la respuesta de lucha o huida. Normalmente volvemos a la calma una vez que el peligro ha pasado. Pero si el sistema nervioso no tuvo la oportunidad de completar el ciclo — quizás porque no pudimos huir ni luchar — esa reacción inconclusa puede quedarse atrapada en el cuerpo.

El Somatic Experiencing, desarrollado por Peter Levine, es un enfoque terapéutico que trabaja precisamente para ayudar al sistema nervioso a completar estas reacciones inconclusas. No mediante la repetición de la historia una y otra vez, sino sintiendo lentamente lo que el cuerpo carga — y dándole la oportunidad de soltarlo.

¿Qué puedes hacer tú?

No necesitas empezar con una terapia intensiva. Puedes comenzar por sentir curiosidad hacia tu cuerpo en lugar de luchar contra él. Cuando notes una reacción que parece desproporcionada — intenta preguntarte: ¿Qué está pasando en mi cuerpo ahora mismo? ¿Dónde lo siento? ¿Puedo respirar un poco más profundo?

No se trata de resolver todo de una vez. Se trata de empezar a escuchar. El cuerpo habla un lenguaje más antiguo que las palabras — y cuando aprendemos a escucharlo, se abren nuevas posibilidades de sanación, de conexión, y de un amor que no esté gobernado por heridas antiguas.

¿Qué te está diciendo tu cuerpo que quizás todavía no te has atrevido a escuchar del todo?

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